Procusto tenía una fortaleza en las colinas donde forzaba a los viajeros a tumbarse en una cama de hierro. Si la víctima era alta y no cabía en la cama, Procusto procedía a serrarle las partes de su cuerpo que sobresalían. Si, por el contrario, era más baja, la golpeaba con su martillo hasta ajustarla con la cama (de esto viene su nombre: en griego, “estirador”). Nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque esta era secretamente regulable: Procrusto la alargaba o acortaba a voluntad antes de la llegada de sus víctimas (en algunas versiones, tenía dos camas diferentes).
Dice Nietzsche en Discurso y Realidad: “Todo concepto (que se pretende universal) surge de afirmar como igual lo no igual. Porque, por cierto, no hay dos hojas iguales, el concepto de hoja se forma por renuncia deliberada de las diferencias individuales, por un olvido de los distintivo y despierta así la idea de que en la naturaleza, además de las hojas existiera la 'Hoja', algo así como una forma primordial según la cual todas las hojas hubieran sido diseñadas, pero por manos torpes”.
Otra filósofa, Esther Díaz, dice que “lo universal es sólo una palabra, las leyes científicas son construcciones lingüísticas relacionadas con hechos que ofrecen algún tipo de ‘regularidad’. Cuando esos enunciados se confrontan con la realidad y se logran resultados favorables, se generaliza lo contingente (enunciados observacionales exitosos) elevándolo a rango universal y necesario (forzoso). Establecer que existen verdades absolutas y trascendentales es emitir discursos sin solidez ontológica. Las posturas teóricas absolutistas –en filosofía, religión, ciencia y política– están al servicio de los poderes dominantes, ocupándose de englobar las diferencias en juegos lingüísticos que enuncian entidades ideales: 'Verdad inmutable', 'leyes generales', 'conocimiento objetivo', 'derechos universales'”.
El poder siempre se ejerce en nombre de ciertas verdades. Como señala Foucault, existen estrechas relaciones, por ejemplo, entre investigación jurídica, metodología científica y formas cotidianas de buscar la verdad, es decir, entre dispositivos de poder y formas de acceso a la verdad.
Entonces, conviene deconstruir o desmitificar el sentido tradicional de las verdades, analizando su nacimiento histórico y su vigencia o desactualización según se modifican los procesos. Sin desatender la lucha de poderes de las que brotaron y las estrategias desplegadas para su mantenimiento.
Es por eso que planteamos este espacio. Porque estamos en contra de los discursos cristalizados, porque nos gusta preguntarnos mil veces las mismas cosas por si en alguna de las respuestas hemos caído en discursos heredados. Y porque queremos que cada uno opine lo que quiera, pero desde el conocimiento.